Los malos pensamientos · Juan Manuel Llorca

Funambulistas


Escrito el 12/01/2018 por Juan Manuel Llorca

Tanto los que me conocen de cuerpo presente como los millones de lectores de este blog son sabedores de muchas de mis innumerables carencias, algunas de ellas por que son detectables al primer golpe de vista, otras por que, con una modestia digna de elogio, las he confesado en este mismo sitio en textos anteriores que les recomiendo que lean, salvo que tengan cualquier otra cosa que hacer, ya sea papiroflexia, colombofilia o ver la filmografía completa de Gracita Morales con subtítulos en sánscrito.

Mis virtudes, sin embargo, permanecen ocultas en su gran mayoría incluso para mí, bien porque no hay consenso en que lo sean, bien por que sólo un observador avispado y con la mejor de las voluntades podría detectarlas.

Menos mal que yo, en mi afán evangelizador, he decidido poner negro sobre blanco al menos una de las virtudes que me adornan. Y allá voy: soy un funambulista de primera.

Funambulista: acróbata que realiza ejercicios sobre la cuerda floja o el alambre.

Y ojo, yo no soy uno de esos mentecatos pretenciosos que, con un afán de protagonismo desmedido, se ponen tontamente a atravesar de parte a parte el cañón del colorado con unas mallas de licra y una pértiga de cinco metros para guardar el equilibrio. Eso, para mí, es una mierda pinchada de un palo que sólo muestra estupidez y destreza, y no necesariamente a partes iguales. Un mono, entrenado tres semanas, hace lo mismo y en lugar de una pértiga lleva en una mano un yoyó, en la otra, dos maracas, y atraviesa el cañón de marras al ritmo del Bailar Pegados de Sergio Dalma en tiempo de guaguancó como si tal cosa.

Yo no les hablo de funambulismo de postureo, yo les hablo del otro, del de verdad, del de levantarte por la mañana sin saber por dónde te van a venir los malos, pero sabiendo que venir, vienen. Del que practicó mi madre, que se comió la guerra, una huida por los Pirineos a pie, un campo de concentración en Francia y la postguerra entre Murcia y Toledo para después parir ocho hijos y sacarlos adelante. Del que está practicando ahora mismo mi amigo Ángel que, entre un gancho a la mandíbula en la salud, un directo al mentón en lo económico y un derechazo al ojo en lo afectivo, ya no le queda mejilla que ofrecer y todavía me llama para reírnos juntos de la puta vida.

Y es que hoy día, el funambulismo, tiene más fichas federativas que el fútbol, el baloncesto y la petanca juntos.

Camino en el alambre desde hace años, desde que tengo uso de razón. Miro para abajo y me acojono, pero sigo adelante por la acera y disimulo el miedo lo mejor que puedo. No me paro por si acaso, por si luego me faltan redaños para volver a ponerme en movimiento, y miro al frente con la mejor cara que puedo, que ya sé que no es gran cosa, pero no tengo otra y con esta me he apañado desde que me metí a funambulista y no me ha ido mal.

He estado a punto de caerme un par de veces, pero, azares del destino, siempre alguna mano amiga me aguantó y, mal que bien, recobré el equilibrio que me faltaba.

Dicen que el que tropieza y no cae gana terreno y, aunque he de confesarles que la opción de dejarme caer me ha rondado alguna vez por la cabeza, enseguida viene la vida, la puta vida de la que les hablaba más arriba, y te regala un beso y un abrazo apretado, tres hijos maravillosos, una canción que te reconforta, un libro que te cambia la vida, una Navidad en familia, una comida, un gol de Iniesta o de Fernando Torres, una tarde de risas… y recompones el tipo, te haces el que no ha pasado nada y adelantas un pie, luego el otro y, cuando te quieres dar cuenta, ya estás de nuevo avanzando en el alambre, en la cuerda floja, pensando que lo que está delante mola más que lo de detrás y no te lo quieres perder.

Les dejo, que me desconcentro y está la cosa muy mala.

 

 

 

4 Responses to "Funambulistas"
  1. Yo dice:

    Me agrada haber formado parte de lo que te reconforta. Besos.

  2. Julian dice:

    No tienes remedio, jodido. Sigue caminando por el alambre, nos harás felices contandolo. Abrazos

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